miércoles, 11 de octubre de 2017

LA SIMBOLOGÍA y PSICOLOGÍA DEL COLOR

Este texto lo escribí paralelamente a mi formación artística; surgió , en concreto , después de una clase teórica sobre "el color". Recuerdo que, en aquella ocasión, mi profesor , Juan Grau, al terminar la clase, nos dijo : "Ahora veréis el mundo en color "....Ello puede parecer una tautología , pero lo cierto que empiezas a percibir el paisaje con una dimensión artística: captas con sutileza los tonos, los semitonos; los contrastes; efectivamente,  la volumetría que aprecia nuestra retina se logra  a partir de tres tonalidades :un color medio, otro oscuro y el más claro; y, seguidamente,  te deleitas contemplando la gama cromática completa en su gradación ascendente de luces hasta la máxima intensidad, tanto como gradación descendente en las sombras... Vas sintiendo, en definitiva, la poesía y la musicalidad del color...

Y luego, bien es cierto que, tal y como hacían los poetas y pintores Románticos ( a principios y mediados del siglo XIX), te recreas más en proyectar tus emociones sobre la Naturaleza y empiezas a desarrollar tu propia sensibilidad del color...

Existe, además, toda una simbología  y psicología asignadas al color y que varían  en cada cultura , de manera que hay una base de estudio y toda una técnica en la expresión del paisaje  como comentaré después,  al margen de que la percepción del color tiene, aún dentro de esa  misma cosmovision, un componente individual.

Y así , tras un viaje realizado a Marruecos, concretamente en la ciudad de Casablanca y en compañía de unos amigos anfitriones, perfectos guías que habían vivido allí, me "adentré " en el entorno , en la vivencia de sus gentes y surgió este texto poético, intimisma y reflexivo que comentaré seguidamente:


CONTRASTES DE LUZ

A ambos lados de la ancha y silenciosa calle los hibiscos y buganvillas se derraman sobre las tapias de los jardines en cascadas de sol. La intensa luminosidad de la mañana vivifica los colores: en su caída hacia el suelo: los magentas se abrazan a los amarillos, los refulgentes violáceos se funden con los rojos encendidos. Como resplandecientes ramos de novia, la blancura de los azahares parece detener el estallido de matices multicolores a lo largo de la acera mientras caminamos a la sombra de estas balconadas de exótica vegetación. En la privilegiada colina que domina la bahía, las mansiones coloniales de Casablanca ofrecen sus columnas suntuarias y sus verandas señoriales de ostentosos blancos. El Olimpo dormita aún a nuestro paso en esta mañana dominical regalándonos su silencio plácido y aromático. Solo una algarabía lejana augura una vida bulliciosa mucho más abajo.

Conforme descendemos en nuestro paseo hacia las barriadas de la ciudad portuaria, se apodera de nuestra mirada, a modo de telón que cierra este paradisíaco escenario, la fachada lisa de un inmueble de cuatro pisos de altura, quebrada de grises y ocres; sobre la pared desconchada por las placas de cemento que han cedido con el paso de los años, las ocasionales lluvias han ido derramando el óxido de hierro de las antenas parabólicas y de los alambres de los tendederos adosados a las numerosas ventanucas; el humo de las motocicletas desvencijadas, los carromatos cargados de desechos urbanos, los taxis y vehículos  lujosos que se dirigen hacia la mezquita han ido estampando en la pared manchas negruzcas. Los cristales rotos han sido sustituidos por cartones sucios a modo de cortinas harapientas. En una esquina de esta calle sin asfaltar que cruza hacia el mar, unos ancianos escuálidos, cuya tez cobriza y ajada descubre un encaje de surcos amarillentos, ataviados con chilabas y turbantes oscuros, están sentados en el suelo improvisando un tablero trazado sobre la tierra seca; un grupo de niños corrillea hacia la playa cuyo oleaje devora cada día a cuatro o cinco inocentes : descalzos, el torso desnudo , un trozo de corcho blanco en la mano de piel canela y un mendrugo de pan bajo el brazo...
Durante el sopor de la calurosa sobremesa, las esencias de la menta esparcen su fragancia en la estancia acomodada con aterciopelados tapices y cojines de seda. El refrescante té aromático invita a la alegre tertulia del reencuentro de familiares y amigos. Solo unos haces de luz se abren paso a través del brocado de los visillos y desvían mi mirada hacia la estancia contigua; nuestro alegre vocerío se funde con el ruido de la cacharrería en la cocina: resplandecen los ojos negros, grandes, rasgados de la niñita que espía furtivamente, con las manos mojadas y recelosa candidez, a amos e invitados mientras está fregando los platos.

Dicen que antaño los leones y lobos del Atlas bajaban hasta la costa. Ahora es la popular muchedumbre la que acude a su ceremonial paseo vespertino por la cornisa marítima. Mezcla de razas, culturas y lenguas, fulares y velos ondulan al atardecer. Los colores se confunden; las voces y los contrastes se apagan. Sólo el rugido del océano recuerda un planeta en movimiento pues siglos de pobreza se han detenido en la arena…
 Las piscinas colgadas del mirador natural y habilitadas únicamente para aquellos que, huyendo de la furia del mar, pueden acceder a un privilegiado baño; el barrio de chabolas descuartizado por la inclemencia de algún temporal; la abundante vegetación verde de la colina donde se asienta plácidamente la ciudad residencial que domina el espectáculo….
Oasis y desierto se confunden al compás salmódico del canto del muezzin, mezcla de lamento y llanto. El eco del minarete, exhausta llamada de desaliento, llega hasta el impoluto faro, vigía silenciado por el tiempo. Su ojo escrutador recorre todas las escenas: la tragedia de los inocentes arrastrados por las olas; el inocente rostro de la pequeña criada contemplando a los espectadores acomodados; el entremés burlesco interpretado por los ociosos bañistas que se mofan de la pobreza ajena; la fiesta carnavalesca del pueblo hambriento que no renuncia al juego, a la risa o al canto…


Y este inmenso escenario de injusticias se diluye cada noche hacia el confín oscuro del horizonte, arrastrado por el viento…




OBSERVACIONES PERSONALES :

1) Por un lado, quisiera hacer hincapié e la psicología del color que se desprende de este texto,  comentado al mismo tiempo algunos aspectos generales inherentes a la simbología propia de nuestra cultura y que encontramos en la pintura o en la Literatura:

El blanco representa la totalidad, lo absoluto y algo positivo : la luz; también la pureza. Por su parte, los colores vivos se relacionan con la transmisión de la vida (las flores, los pájaros con sus plumajes atractivos...) ; el oro, simbolismo solar, puede expresar riqueza o también luminosidad ligada muchas veces a la belleza o la felicidad, ajeno a la oxidación . Y así también, los colores cálidos ( amarillos, naranjas, rojos..) expresan la Naturaleza expansiva , es el confort psicológico.El verde que representa , en general, a la Naturaleza con connotaciones de vida, frescor y tranquilidad.

De esta forma, veamos cómo, en mi texto, los colores vivos y luminosos (las flores, la luz y sol de la mañana ) se utilizan para expresar la opulencia, la riqueza y el confort propios de la ciudad colonial, la que está situada, acorde con  un tradicional esquema jerárquico-social, en lo alto de la colina , un claro paralelismo con ese "Olimpo" metafórico donde viven en la actualidad los privilegiados tal y  como en la literatura y creencias  de nuestros ancestros vivían los dioses. Al final del texto, se menciona la "abundante vegetación de la colina".

El hierro se oxida y representa, en su proceso de descomposición  , como en los colores quebrados (ocres, tierras), el retorno hacia la naturaleza cíclica , por su reintegración en el suelo mientras que el negro, por el contrario establece en ese dualismo simbólico , la noche, la oscuridad o las tinieblas, la destrucción o la muerte. 

En un claro contraste , véase cómo, en el texto, los colores quebrados (ocres, tierras)  son aquellos que se refieren "a ras de suelo", las barriadas urbanas ,portuarias;  se asocian, pues, a la pobreza , a la miseria y la decadencia ( las pieles cobrizas,  las paredes desconchadas, oxidadas, los cartones que suplen cristales rotos, la tierra seca sobre la que juegan con piedras....). Y , con una antítesis claramente impactante, conmovedora y de denuncia, ese "blanco" corcho : la pureza, la inocencia de  esos niñitos de tierna edad que van a la playa, hambrientos y que , probablemente, no volverán... Nótese la presencia de los grises de las fachadas o los humos, con connotaciones próximas al negro ("manchas negruzcas en las paredes") , que también proponen la crítica hacia las desigualdades sociales con el contraste pobreza/riqueza de los gases emitidos tanto por motocicletas desvencijadas como por taxis y vehículos lujosos.

2) Por otra parte, quisiera comentar la estructura del texto que se ha basado , desde una visión teatral al conferir distintos "escenarios", en una configuración a modo de correlación, recurso retórico que se basa en distribuir distintos elementos a lo largo del texto que se recogen en una última parte ; diseminación y recolección de la que tenemos notables muestras en la Literatura barroca , de la que destaco la insigne aportación de Luis de Góngora y, asimismo, uno de sus sonetos más emblemáticos:

Mientras por competir con tu cabello (1) (Comienzo de una doble diseminación)
Oro (1.1.) bruñido al sol relumbra en vano;
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente (2) el lilio (2.2.) bello;

Mientrasa cada labio (3) , por cogello, 
Siguen más ojos que al clavel (3.3) temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal (4.4) tu gentil cuello (4),

Goza cuello, cabello, labio y frente , ( 4,1,3,2: 1ª recolección)
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente1.1.; 2.2.; 3.3; 4.4 : 2ª recolección)

No sólo en plata o víola tocada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.


Con un claro propósito de denuncia sobre esa brecha entre ricos y pobres que, a pesar de los siglos ("el tiempo parece haberse detenido"), se sigue cíclicamente repitiendo y con la misma injusta desproporción : la minoría privilegiada en la zona alta de la ciudad; la abundante miseria en los barrios portuarios junto al mar ( proceso cíclico ilustrado con  el paralelismo de los leones que antaño bajaban desde el Atlas hasta la playa como ahora son las gentes pobres las que pasean por la cornisa marítima), se van "recolectando" al final los distintos escenarios protagonizados respectivamente por unos y otros representando una misma y perenne  representación teatral , el drama de la injusticia y la desigualdad de muchos en duro contraste con la opulencia de unos pocos  , los cuales, de forma simbólica se corresponden con la antítesis de dos términos cohesionados léxicamente en el texto: "oasis " frente a "desierto. Y para ahondar con mayor énfasis en la crítica social , ese planeta sigue girando y progresando, ajeno totalmente a esta "tragedia" pues el único testigo o vigía es el faro que alumbra en la noche ( el color negro asociado a tristeza, soledad, destrucción) bajo el lamento o llanto del muezzin.



Y este inmenso escenario de injusticias se diluye cada noche hacia el confín oscuro del horizonte, arrastrado por el viento…






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