domingo, 19 de abril de 2015
LA NARRACIÓN FORMA PARTE DE NUESTRAS VIDAS
JOSÉ SARAMAGO: " Somos cuentos de cuentos contando cuentos".
Bien es cierto que los seres humanos somos narradores natos.
Descubrimos el mundo oyendo los cuentos que nos narran nuestros padres y abuelos. En la escuela los profesores nos descubren nuevos textos y, además de enseñarnos una determinada materia, nos cuentan anécdotas, reflexiones, experiencias de su propia vida y trayectoria. En nuestro ir y venir en la vida, hacemos nuevas amistades, conocidos, a quienes les narramos esos hechos que han ido forjando nuestro camino....Y en el día a día, necesitamos expresar todo cuanto nos va aconteciendo....
Somos realidad y ficción porque en esa impronta narrativa, interpretamos desde nuestra percepción personal y subjetiva ,cuanto hemos vivido, a partir de nuestras experiencias, nuestras lecturas, nuestras emociones....
Este es el texto escrito por un alumno como práctica nuestros habituales TALLERES DE NARRATIVA en clase. El alumno es aficionado a la lectura de cómic y, lógicamente, dejó su impronta en este texto. Tras una puesta en común y una coordinación por parte de todo el equipo de redacción, alumnos y profesora, este fue un estupendo resultado, un resultado, valga la redundancia, "redondo".
UN DÍA REDONDO
Estaba saliendo de mi casa, era un bonito día. Me disponía a ir a la oficina . Pensativo, abrí la puerta del coche pero la puerta de enfrente se cayó al suelo de cuajo: durante la noche le abrían dado un buen golpe pues estaba toda aboyada.
No tenía tiempo de repararla, tenía que ir a trabajar así que era hasta agradable conducir mientras el aire fresquito, que entraba a su anchas por el gran hueco vacío de la puerta derecha, me acariciaba....Pero todos los coches que me adelantaban me pitaban como sí yo no me hubiese dado cuenta de mi mala suerte. Sin duda,la suerte no me acompañaba pues cuando yo mismo tuve que utilizar el claxon, este me acompañó durante todo el camino pues no hubo forma de desconectarlo.
Más adelante, el accidente de un camión provocó que una rueda saliese despedida y, como el día no podía ser más perfecto, se sentó junto a mí en el asiento del copiloto. Sonreí . ¡ Al menos una rueda amiga me acompañaba al trabajo!
Al bajar del coche, mi pie aterrizó de lleno , digamos en un maloliente y nada apetecible ‘pastel’ de chocolate. Nada más entrar, mi jefe ya me estaba llamando por megafonía así que tuve que acudir corriendo a su despacho. Fui dejando huellas y sembrando aromas por toda la oficina. Mi jefe, de mudanza, tenía la mesa llena de cajas. Enfurecido, me iba dando instrucciones . Cuando me apoyé en un canto para coger una de las cajas, la mesa se derrumbó y todo cayó al suelo en un tremendo desorden. Me echó a patadas.
Cuando salí a la calle, ya sin trabajo, me percaté de que mi coche no estaba. Sólo estaba mi amiga, la rueda, que me recibía con una redonda sonrisa. Ella, al menos, no me había fallado.
Autor: Álvaro López; 2 ESO
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