En estos días de septiembre en que, lentamente,
vamos dejando el verano atrás parece que esas nubes incipientes, esos chubascos
ocasionales y esa brisa que vela nuestro plácido sueño son los síntomas de una despedida : “cualquier
tiempo pasado fue mejor”, la copla manriqueña
suena al compás de la nostalgia por ese otro paraíso perdido, las
vacaciones, que nos conceden la añorada libertad para la evasión hacia otras
ocupaciones o lugares, alejados del anclaje laboral o bien del prosaico , rutinario y mecánico día
a día. Agridulce, pues, el retorno, la
vuelta a la realidad cotidiana: la paulatina llegada del otoño para quienes
sentimos en estas latitudes mediterráneas cierto hastío por el sopor estival,
la estación venidera de las hojas que caen y ese suave gris que lo invade todo,
hasta el alma, tiene el atractivo de lo íntimo y el sabor de la melancolía...
He
aquí, pues, que emana del interior, ese precioso poema de Virgilio Piñera, con
el que podemos seguir viajando con la imaginación ….Y, seguidamente, mi particular interpretación.
I S L A
Aunque estoy a punto de renacer,
no lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido:
sólo me tocó en suerte,
y lo acepto porque no está en mi mano
negarme, y sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
y poco a poco, igual que un andante chopiniano,
empezarán a salirme árboles en los brazos,
rosas en los ojos y arena en el pecho.
En la boca las palabras morirán
para que el viento a su deseo pueda ulular.
Después, tendido como suelen hacer las islas,
miraré fijamente al horizonte,
veré salir el sol, la luna,
y lejos ya de la inquietud,
diré muy bajito:
¿así que era verdad?
no lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido:
sólo me tocó en suerte,
y lo acepto porque no está en mi mano
negarme, y sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
y poco a poco, igual que un andante chopiniano,
empezarán a salirme árboles en los brazos,
rosas en los ojos y arena en el pecho.
En la boca las palabras morirán
para que el viento a su deseo pueda ulular.
Después, tendido como suelen hacer las islas,
miraré fijamente al horizonte,
veré salir el sol, la luna,
y lejos ya de la inquietud,
diré muy bajito:
¿así que era verdad?
Virgilio
Piñera (Cárdenas, 1912 - La Habana,
1979) fue un poeta, narrador y dramaturgo cubano considerado uno de los autores
más originales e independientes de la literatura de la isla, su isla,
Cuba. Considerado maestro en el arte de
jugar con lo absurdo, exploró igualmente los aspectos formales del género
lírico y se alejó de la retórica, solemnidad y ornamentación estilística que
practicaban otros insignes contemporáneos suyos.
En
este poema, esa visión paradisíaca de la isla nos sumerge en un mundo exótico y
sensorial, rico en placeres muy vitales y cálidos al que nos conduce el poeta,
sin embargo, desde la sobriedad en la forma y en el fondo: una versificación
ágil y libre con carácter narrativo, a modo de pequeño cuento, sencillo y
esencial en el que implica al lector en la fantasía recreada. Y así nos ofrece un
reconfortante final feliz: frente al desencanto del mundo, la nada o la desesperanza , uno puede terminar el viaje de la vida, mucho
más que alcanzado el tópico paraíso
del imaginario colectivo, convertido en un paraíso en sí mismo, propio y
exclusivo. He ahí la magia del poema. Desde una construcción alegórica, la
visión onírica otorga un profundo bienestar : la propia salvación, la redención del yo interior que vence triunfante a la soledad, al
desánimo y a la pérdida.
Una fuerza telúrica que desafía a la muerte y convertida, mediante esa plástica y creativa metamorfosis in crescendo, en un prodigio de la
Naturaleza: una isla de vital y singular belleza. Metáfora trascendental, final grandioso,
maravillosa ficción... Y todo adquiere un nuevo sentido, renace una nueva ilusión.
“¿ así que era verdad? ” Es el clímax del poema, el momento
culminante que invita a la reflexión tras la gradación ascendente de emoción
que hemos ido sintiendo en cuerpo y alma al vivir, al unísono con el "yo" lírico, la progresiva e
idílica transformación. Tiene una gran fuerza reveladora al devolvernos al
plano real, el plano real del comienzo en el que se anunciaba el feliz y privilegiado destino para el que había sido elegido el "yo" poético . Y es ahí donde provoca el impacto
emotivo en el lector, como si ese juego imaginativo se hubiese realmente
llevado a término: finalmente, el sueño hecho realidad. Incisiva catarsis, pues nos ofrece una conmovedora respuesta a la gran duda metafísica, la gran
incertidumbre humana por excelencia sobre la naturaleza del "después”,
del “ más allá”… Y es como si el poeta, al decirlo "bajito", compartiera con nosotros su secreto al hacernos cómplices de su propia, inesperada y desconcertante constatación.
Hábil juego de ficción que comporta una doble emotividad así como nos augura una nueva y extraordinaria esperanza.
Aún asistiendo a la construcción de una
metáfora surrealista de la que somos conscientes desde el principio al iniciar
la lectura de un texto poético , qué invitación tan sugerente, qué dulce placidez poder imaginar abandonar la oscuridad del mundo convertidos en una preciosa isla en medio del mar : fundirte con la madre Tierra , contemplar la hermosura y la luz del Universo... La Belleza....La Libertad....
Pero…….
¿ Y si fuera verdad?......




