Y EL CUENTO SE HIZO REALIDAD…..
Dedicado a mis alumnos del 1º ESO A del IES PESET ALEIXANDRE de PATERNA (Valencia).
Dice muy
acertadamente Irene Vallejo, en su magnífico ensayo narrativo, El infinito en un junco (el cual
describe, a modo de viaje, la historia del libro, desde sus orígenes hasta
nuestros días):
“Si alguien lee para ti, desea tu placer; es
un acto de amor… Mientras escuchas con soñadora atención, el narrador y el
texto se funden en una única presencia en una sola voz. Y de la misma forma que
tu lector modula para ti las inflexiones, las sonrisas tenues, los silencios y
las miradas, también la historia es tuya por derecho inalienable. Nunca
olvidarás a quien te contó un buen cuento en la penumbra de una noche.”
Así, con esta
forma de entregar afecto a nuestros seres más queridos, hemos contado a
nuestros hijos, noche tras noche, esos cuentos tradicionales de siempre, los
que, a su vez, nos contaron nuestros padres o nuestros abuelos o los que
tuvimos que ir improvisando cuando, ya hechizados por la magia de la ficción,
nuestros pequeños viajeros errantes en la imaginación nocturna, nos pedían
insaciablemente: “otro cuento, otro cuento más…”.
Ese amor que
nace del tópico clásico, enseñar deleitando, se convierte en la práctica, en todo profesor, en el afán de despertar, más que interés por su materia , si cabe, hasta pasión. Así
les leemos los textos literarios a nuestro alumnado pues la literatura nos
brinda una herramienta infinita para entregarnos en cuerpo y alma a nuestra
labor. Y no me cansaré de repetir que potenciar el deseo es potenciar el
aprendizaje: si les gusta lo que les lees con el entusiasmo de quien “vive” esa
historia, lo que les recitas con tanto sentimiento, la narración que has escrito con emoción para ellos, logras que ellos deseen “ser como tú” y quieren también
agradarte. Y en esa comunicación emotiva y tan humana se genera la chispa cómplice de la creatividad.
El ansiado
Taller de Escritura se hizo realidad: ya les había comentado la idea con
anterioridad, pero leerles de forma dramatizada y con pasión ese otro cuento
que aparece en este blog ( “La carta”) , producto de un taller creativo llevado
a cabo hace algún tiempo con otro grupo de alumnos de su edad, fue, sin duda, encender
la chispa del deseo. El proyecto tenía que ser colectivo, convertirnos en un
equipo de redacción solidario y
democrático, es decir, a gusto de todos : se trataba de pasarlo bien
aprendiendo a escribir, utilizando las aportaciones de toda la clase, una
lluvia de ideas en la que intentaríamos conjugar las múltiples opciones.
La estructura
del relato requiere un comienzo en el que se sitúen los personajes, el tiempo,
el espacio y se introduzca la acción pero esas primeras líneas tienen que
captar la atención del lector : de alguna forma, “seducirlo” para que este tenga interés en seguir leyendo. Ese era
el primer gran reto. Con una temática libre, la propuesta fue que cada uno
escribiese las primeras líneas de una narración que pudiese “atrapar” desde el
primer momento. En la clase siguiente, fueron saliendo uno tras otro a la
pizarra y, delante de toda la clase, fueron leyendo su pequeño texto, el cual,
para mayor agrado de los oyentes, tenía que hacerse desde una buena lectura.
Triunfaron
unas seis propuestas por votación popular, así que intentamos conjugar ideas de
unos y otros : les sedujo la temática de la “caza de brujas”, ese relato que
nos transporta a oscuros misterios de un
pasado remoto; el relato de aventuras era también muy apetecible desde la búsqueda de un tesoro o un secreto ;
el protagonismo de unos niños intrépidos (con los que ellos, obviamente,
se identificaban) en un campamento de verano que invita a explorar era su forma
de “vivir” la historia….
Todo ello les
fascinó y el cuento se hizo realidad…
La página en blanco
deja de ser una incertidumbre : ya tenemos el tejido o hilo conductor de la
narración pero falta darle forma y resolver ese enigma, misterio, o secreto que se va a perseguir y revelar en el
relato. Los voluntarios van saliendo, uno tras otro, a la pizarra para ir escribiendo esas líneas
que se van construyendo de viva voz, con la concatenación de ideas colectivas
de la clase : una algarabía de voces y manos levantadas queriendo hablar todos
a la vez porque están entusiasmados,
viajando con la imaginación a ese mundo de ficción, tan singular en cada uno, en el que cada cual atesora lo vivido y lo
soñado, lo que ha visto en el cine, en la televisión, en la red, lo que ha
leído, aprendido o lo que le han contado…
No deja de ser
una satisfacción, pese a cierto caos y bullicio, oír una voz más potente y
dominante, por encima de las demás, queriendo justificar tal desorden: “¡Profesora, es que estamos viviendo la
historia!”. Y es que están todos
impacientes y no respetan el turno de
palabra para expresar sus ideas porque se sienten “atrapados” por la energía creativa.
El entusiasmo se desboca y brotan en tropel los diversos sustantivos, adjetivos , verbos y sus
correspondientes sinónimos: hay que pulir las descripciones y otorgar dinamismo
a la narración sin caer en las repeticiones. Paralelamente, el equipo de
redacción, es decir, todo el grupo, ha
de estar alerta con la ortografía , con
la adecuada puntuación, la correcta
construcción de la oración, al uso adecuado de los tiempos verbales, la
separación en párrafos porque la
profesora les va preguntando, los va
guiando y también aportando léxico nuevo : la clase de ortografía, semántica y gramática no puede ser más efectiva y
placentera. Todos los alumnos, una vez
corregidas las líneas escritas en la pizarra, van copiando el cuento en su cuaderno; algunos especialmente aplicados se convierten
espontáneamente en recelosos vigilantes de todo lo escrito para detectar
posibles repeticiones o incoherencias.
El cuento
avanza y en cada clase, antes de continuar, se relee en voz alta todo lo que se ha escrito
con anterioridad porque la coherencia
requiere una elaboración lógica de las
ideas y no dejar cabos sueltos. Es la
tarea más difícil para ellos : en sus mentes aún infantiles, máxime cuando han
crecido rodeados de pantallas, en un
mundo dominado absolutamente por la imagen, la confluencia de realidad y
ficción es totalmente natural. Sin
embargo, se dan cuenta de que la
situación real de las posibles aventuras
de unos niños en un campamento de verano de hoy en día choca con ese
mundo mágico, azaroso y oscurantista lleno de brujería y hechos terribles que tanto éxito han tenido a través de la
literatura o el cine. Una labor individual ( cada uno tuvo que redactar, como
tarea, unas líneas finales en casa) puesta
luego en común, contrastada y muy
debatida dio lugar al desenlace que no dejó por ello de tener ese componente
sobrenatural que tanto les agrada – finalmente, la literatura también es
evasión – pero dotado de esos valores en que los vamos educando y que les hizo
sentirse felices: el triunfo de la bondad sobre la maldad humana así como el amor
y respeto hacia la naturaleza.
El secreto del
bosque
Érase una vez un campamento que se
encontraba cerca de un bosque tenebroso y maldito donde solo se oía el
espeluznante ulular de una lechuza….
La maldición
se remonta al pasado, cuando la caza de brujas estaba permitida. Vivía en el
lugar una joven muy bella y adinerada que tenía, por ello, muchos pretendientes
hasta que un día los algunos pensaron que su belleza y riqueza procedían de
oscuros pactos con el diablo. La quemaron en el bosque y, antes de morir, entre
gritos de dolor y rabia, dicen que echó una maldición que perduraría en ese
lugar….
Era una
plácida noche de verano en el monte, el último día de vacaciones en el
campamento cuando también el verano llegaba a su fin. Pasada la medianoche, aún
quedaban algunas brasas en la hoguera alrededor de la cual todos los niños y
sus monitores habían celebrado con tristeza la despedida. Un pequeño grupo de
niños traviesos, deseosos de llevar a cabo su última aventura secreta, salieron
sigilosamente de sus cabañas mientras el campamento dormía y se encaminaron
hacia el bosque.
No se veía
nada entre las sombras fantasmagóricas que las ramas negruzcas de los árboles
proyectaban. Cuando ya llevan un buen rato caminando y jugando a un tiempo al
escondite con el aliciente de la oscuridad y la frondosa vegetación… Allí, donde
las noches son oscuras y el peligro acecha desde hace siglos en cada rincón, oyeron
unos pasos apresurados seguidos de unos golpes semejantes a los de un hacha…
Una chica alta y rubia, la que encabezaba el grupo, se detuvo pues se habían
adentrado mucho y la oscuridad se apoderaba del entorno:
-¿Estáis seguros de esto? –dijo,
manifestando su propia incertidumbre-. Puede ser que esto sea peligroso…
-¿Qué pasa, tienes miedo ahora,
Valeria, cuando has sido tú la que ha tenido la idea? –comentó Lucas, cuyos
ojos brillaban con ansia de aventura-.
-Pues, claro, ya que hemos llegado
hasta aquí…-intervino Diana, una chica de pequeña estatura y pelo oscuro-.
-Está bien, si insistís tanto….-.
Valeria tomó aire y siguió caminando.
De repente, estalló una gran tormenta
y una cortina de agua impedía ver más allá. En ese mismo instante, cayó un rayo
que iluminó el bosque. Los árboles estaban calcinados, como si un incendio los
hubiera devorado. Valeria pudo ver cerca una casa abandonada y, cuando se giró
para avisar al resto, observó que, del grupo de cuatro niños que iba más
rezagado detrás, el más pequeño de ellos había desaparecido mientras los otros
tres, asustados, miraban en todas las direcciones. A su señal, echaron todos a
correr para refugiarse en la casa. Aunque derruida e invadida por la maleza,
pudieron resguardarse bajo una vieja techumbre. Allí, entre escalofríos, acabaron
confesando ahora su miedo. Valeria callaba mientras Lucas y Diana mostraban su
arrepentimiento. Mateo, el más mayor del grupo, quiso tranquilizar al resto de
intrépidos expedicionarios y les dijo que se quedaran allí resguardados
mientras él regresaba al campamento en busca de ayuda.
Pocos minutos habían transcurrido
cuando un nuevo rayo se precipitó muy cerca y entonces vieron cómo, frente a
ellos, un árbol enorme era abatido. Horrorizados, los cinco se apretaron unos
contra otros buscando calor y cobijo; así, acurrucados en el suelo, pasaron
unas horas que les parecieron larguísimas hasta que fue cesando la tormenta.
Entonces se apoderó de ellos un verdadero terror que los paralizó; la corteza del
árbol caído se había desprendido y sobre la madera ennegrecida se podía leer una
inscripción con letras rojas humeantes:
Tras mi muerte,
Caerá algún día una
tormenta tan fuerte
Que los árboles se
estremecerán
Y todo habitante
desaparecerá….
Y cuando penséis que os
he dado un respiro
Pintaré el bosque de un
rojo encendido….
V
Valeria se sintió nerviosa e impresionada por
esa letra final que le recordó la curiosa señal que ella tenía como marca de
nacimiento junto a su corazón, la única en su familia. Al instante recordó la
pesadilla tantas veces repetida que la atormentaba desde hacía un tiempo en
sueños: veía a una bella mujer de ondulada melena rubia y vestido rojo vaporoso
que le pedía ayuda y que, gritando, le decía que había sido condenada
injustamente. Lucas y Diana la miraron asombrados pues Valeria se había quedado
completamente pálida y con la mirada fija en esos terribles versos …. Se
produjo un silencio sepulcral como si también el bosque se hubiese quedado sin
aliento… Cuando miraron a su alrededor comprobaron que los otros dos niños
también habían desaparecido.
Nuevamente, el sonido de unos golpes bruscos,
no muy lejos, llamó su atención y aumentó su temor pero sentían la necesidad de
adentrarse en el bosque en busca de respuestas. Se tuvieron que armar de valor
y así, con las primeras luces del alba, los tres, cogidos de la mano, fueron siguiendo un
tortuoso camino. Acercándose lentamente medio escondidos entre los arbustos,
fueron vislumbrando una figura musculosa de larga barba y cabellos blancos que
manejaba una enorme hacha con la que cortaba un poco de leña junto a una
cabaña. Tenía un aspecto tranquilo y este, al entrever esos rostros asustados,
les dedicó una bonita sonrisa y unas dulces palabras que les inspiraron
confianza de manera que aceptaron su invitación cuando les propuso entrar en su
humilde casa de madera. Les ofreció un chocolate caliente que no dudaron en
aceptar pues estaban destemplados y hambrientos después
de tan angustiosa noche. Procuró tranquilizarlos cuando le contaron la terrible
noticia de la desaparición de varios compañeros y que también estaban muy
preocupados por Mateo quien y hacía unas horas que se había ido en busca de
auxilio. Él les aseguró que en el bosque existía un alma protectora…
Valentín, que así se llamaba el anciano,
relató a Valeria, Lucas y Diana, muy atentos alrededor del fuego, una historia
increíble y que conocía muy bien ya que un antepasado suyo había sido el
afortunado pretendiente que logró casarse con la hermosa Victoria. El guardián
del bosque, pues así era conocido en el pueblo cercano, llevaba años viviendo
en soledad desde que falleció su esposa. Les contó que, siendo niño, su abuelo,
antes de morir, le entregó un manuscrito que contenía el diario de Victoria,
esa joven que sufrió persecución injustamente.
Mucho tiempo atrás, Victoria vivía en un
precioso palacio en el bosque y dedicaba toda su riqueza así como las labores
de sus sirvientes a cuidar la vida: proteger los árboles y los animales de
todos los seres destructivos y de los cazadores furtivos que merodeaban muchas
veces por los alrededores. Además, ella tenía poderes mágicos y era conocida en
la comarca por ser, más allá de la guardiana del lugar, la que también curaba a
personas y animales de todo tipo de dolencias.
El bosque era entonces un hermoso paraje donde reinaba la felicidad. Un pretendiente obsesionado con ella que tenía
mucho poder y contaba con muchos aliados, en un arrebato de celos cuando ella
no aceptó su oferta, planificó una horrible venganza: como era de todos sabido
que Victoria le hablaba a diario a esa
naturaleza que tanto amaba, fue divulgando que era una bruja y esa mala fama se
extendió entre sus enemigos envidiosos.
Frente a las pobres gentes del lugar que clamaban su inocencia, fue
injustamente condenada. Sus verdugos, antes de ajusticiarla, fueron los que
grabaron aquellos versos maléficos como
queriendo poner a la vista de todos una prueba de su maldad.
A todos les impresionó y conmovió la desdicha
de la pobre Victoria pero fue Valeria quien, en el fondo de su corazón,
encontraba ahora un sentido a la llamada de la misteriosa mujer de sus sueños….
Y mientras ella, Dana y Lucas escuchaban tan emotiva narración, los niños que
ellos creían desaparecidos, se habían simplemente perdido pero, en su desorientación,
habían oído y seguido una dulce voz ….
Valentín les propuso iniciar juntos el camino hacia el secreto del bosque…. Caminaron sin descanso en ese valle desolador de árboles calcinados....
Finalmente, llegaron a una estrecha senda que él iba despejando delante, apartando la abundante maleza y lianas que la ocultaban . Llegaron a un vasto claro donde se erguía un palacete blanco escondido entre los ramajes desnudos de los numerosos árboles centenarios que lo rodeaban …. No se oía un alma… Parecía que se hubiese detenido el tiempo… La vieja puerta dorada de acceso principal empezó a emitir algún destello con los primeros rayos de sol y se abrió sola como si alguien los estuviese esperando…Sin embargo, no hallaron a nadie al entrar… Estaban todos callados, como habiendo llegado a un mundo mágico que les producía mucho bienestar: se sentían ahora reconfortados.
Valeria sintió un impulso interior y tomó la delantera: en el interior contempló,
extasiada, un jardín de enormes plantas exóticas de las que emanaban perfumes
orientales… La siguieron todos boquiabiertos: sin duda, estaban en el palacio
encantado de la maga Victoria… Descubrieron un pasadizo secreto iluminado con
antorchas que los condujo hasta un pequeño santuario; como estaba casi en
penumbra lo primero que vieron fue un gran espejo ovalado en la parte frontal,
apenas iluminado por unas velas. Cuando sus pupilas se aclimataron a la atmósfera,
vieron entonces a los otros tres compañeros, a los que creían fatalmente desaparecidos
así como a Mateo, sentados en el suelo, mirando con embeleso el misterioso
espejo … Y lo cierto es que en él no se reflejaba ninguno de los presentes
pero, como en un dibujo difuminado, se apreciaba la figura de una joven con un
vestido largo, envuelta entre velos flotantes de color rojo; se destacaba, con fuerza, la expresión triste
de un pálido rostro alrededor del cual ondulaba, como acariciada por el viento,
una abundante cabellera rubia y en él brillaban las lágrimas que derramaban sus
dos grandes ojos azules…
Valeria se situó frente al espejo y su mirada
se cruzó intensamente unos instantes con la del espectro de Victoria mientras
los demás permanecían en silencio y sobrecogidos por la extraordinaria escena….
Supo al instante que, por algún caprichoso azar del destino, ella era la
elegida y lo que tenía que hacer: como
abrazando a Victoria, en un gesto de amor y comprensión, oprimió con su pecho
el espejo y los dos corazones se unieron como los de dos almas gemelas…. El
semblante de Victoria cambió al instante: su rostro, sonrosado ahora como el de
un ángel y su dulce sonrisa expresaban
una gran paz. Su figura, revestida ahora de un vaporoso vestido blanco, se
elevó majestuosamente y en su transparencia de velos flotantes como alas, se
fue diluyendo a través de la cúpula del santuario hacia el cielo. Salieron
todos apresuradamente para, finalmente,
verla, por última vez, deslizarse entre las nubes…
Todo lo que aconteció después fue un gran
estallido de alegría : un sol radiante iluminaba el jolgorio de los abrazos entre los niños y Valentín
celebrando la justa reparación que Victoria merecía; felicitaron a Valeria por haber acabado con el
terrible maleficio secular. La vida en el bosque volvió a renacer : de los árboles
empezaron a brotar nuevas ramas y de ellas, a su vez, una abundante hojarasca mientras los pajarillos cantaban saltando de rama en
rama y el suelo quedó sembrado de cientos de flores silvestres . Y así, felices, contemplando este magnífico
espectáculo mágico, emprendieron el
regreso al campamento, guiados por Valentín quien, junto a Valeria, encabezaban
la entusiasta expedición. Y cuando
pasaron delante de aquel fatídico árbol en cuyos restos habían descubierto la
falsa maldición, este se había convertido ahora en un joven tronco blanquecino del que crecían nuevas ramitas con hojas; en él leyeron ahora una nueva inscripción :
La maldición rompisteis
Y la vida al bosque devolvisteis….
Victoria
En letras verdes : del color de la naturaleza, del color de la esperanza….

Hola Amalia, ¿Que tal va todo?
ResponderEliminarSoy tu alumno Victor, de 1º.
Eliminar